El costo de la felicidad en campañas publicitarias

El costo de la felicidad en campañas publicitarias

En el sentido romántico de la oración “El dinero no compra la felicidad”, concluimos que la razón de la felicidad no se encuentra en los bienes que adquirimos bajo la cultura de consumo en la que nos vemos inmersos,  pero basándonos en cuestiones concretas y un tanto banales,  podemos admitir que el estatus que dan las marcas – sobre todo las de lujo o gama alta- hacen que la frase se vea obsoleta.

De acuerdo con un estudio realizado por la consultora Focus en España, más del 85% de los consumidores considera que los productos de marcas de fabricante son de mayor calidad que los productos marca propia del distribuidor.  

Como diría la actriz mexicana María Félix, “el dinero no es la felicidad, pero siempre es mejor llorar en un Ferrari…”. Los publicistas deben tenerlo muy claro siempre, si bien al generar una campaña de marketing se apuesta por llegar a las emociones de los consumidores, las marcas de gama alta centran su atención en brindar un estatus. Para que una marca sea de gama alta debe ofrecer un equilibrio entre un alto precio y alta calidad del producto o servicio, de lo contrario los consumidores pueden desprestigiar –incluso hasta desaparecer- a una marca.

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El destino final de las campañas debe ser la felicidad y el vehículo que nos llevará ahí se alimentará del “deseo”. Cuando se trata de marcas de gama alta, los consumidores muy difícilmente desarrollan fidelidad con una sola marca en específico, sino de todas aquellas que representen un estatus.  No solo se trata de alcanzar al sector que logré adquirir dichos productos, sino también de aquel sector de consumidores que buscan artículos que dan acceso al lujo a un precio más o menos asequible, o por lo menos no prohibitivo; este perfil de consumidor suele mezclar productos de lujo con otros de gama media, además, suelen tener un carácter de compra algo compulsivo.

“Como publicistas se puede llegar al éxtasis si la marca que representamos logra la fidelidad de los consumidores al grado de utilizar ropa con el logo de la empresa estampado en gran tamaño, e incluso, pagué por ella un alto precio en tienda, pero no debemos olvidar que los mismos usuarios se encuentran casados de marcas ególatras que destacan en sus campañas “soy el mejor” y se acercan más al mensaje “conmigo puedes ser el mejor”.  Mi invitación es dejar de comunicar racionalmente, para embarcarnos a hablarle al corazón, a las entrañas de las personas: ese es el secreto de la buena publicidad”, asegura Ana María Ávila, publicista colombiana en el portal Roasbrief.

La felicidad, en ese sentido, mueve al dinero y se ha vuelto un negocio muy lucrativo. Pero no se trata de “prefabricar la felicidad” a través de los productos o servicios, no se trata de introducir la palabra feliz, sino que se deben tocar las fibras necesarias para que los consumidores vivan esa felicidad, que se sientan parte de algo más grande, permitirle salir de la rutina o hacer que sienta ayuda que ayuda a los demás o se sienta único y original.